Femicida de mi corazón

Un grito de vida

Por vos y para vos Eugenia.

Estoy rota. Toda rota. Yo me puse de cuclillas para proteger a mi hija, la que llevo en mi vientre. Como un instinto de protección y supervivencia me abrace a mi panza para no dejarla expuesta a la golpiza del propio padre. Me dio tres trompadas en la nuca y en la parte trasera de mi cabeza. Creo que me pegó ahí porque sabía dónde no iban a quedar marcas.  Si me pegaba en la espalda seguramente quedarían tan expuestos mis moretones como él. Y los tipos violentos saben dónde pegarte para no dejar evidencias.

Ya es otro día. Mi memoria comienza a seleccionar con lo que se va a quedar y la otra parte de mi cerebro justifica muy bien lo que sucedió ayer por la noche: el me pegó, yo llame a la policía que no tardó en llegar. Hablaron conmigo, hablaron con él y en el momento de ir a la comisaría, a él le colocan las esposas y yo no lo toleré. Me agarré fuerte de él y me sentí tan culpable, casi como si el crimen lo hubiera cometido yo y el se estuviera haciendo cargo por mi, mi salvador. Sentir que la misma persona que te está haciendo daño es la que más amas y es la que incluso, te dice que te ama. Mi justificación: el me ama, no se da cuenta de lo que hace. Ya va a cambiar porque mi amor lo va a hacer cambiar. Voy más intenso aun…. Cuando nazca la beba y la vea va a ser tanto el amor que su hija le de, que ahi va a hacer el cambio.

Al parecer eso te sucede en la infancia. Cuando venís de una familia caótica en donde los que más deben cuidarte y protegerte, los que te dieron la vida, son esos que cuando se enojan con vos y te castigan sentís que es injusto y entonces no podes separar el amor del odio. Todo se convierte en una sola emoción y del amor al odio hay un sólo paso (dicen). Hoy veo que del amor al odio hay un camino. Un camino que uno transita viviendo situaciones de mierda en donde se producen heridas profundas e intensas y luego lo llamamos resentimiento. Cuanto cuidado debemos tener los padres al criar a un hijo. Cuantas ideas absurdas les metemos en la cabeza que luego se convierten en miedos, en dependencias emocionales. Me atrevo a decir que quien más castigado es en la infancia y quienes más carencias afectivas y emocionales le surten, más dependencia emocional generará ese individuo en su adultez. Irá gran parte de su vida o toda su vida preguntando a los demás que debe hacer a cada instante. Tendrá miedo de hablar, de ser, de sentir por el hecho de creer que quizás no ser aprobado y merezca un castigo, o bien será el castigador…victima y/o victimario. Ya lo dijo Freire: “Cuando la educación es opresora el sueño del oprimido es convertirse en opresor”. Y asi de generación en generación vamos criando oprimidos y opresores.

Hoy pasaron dos días de la última batahola. Anoche me desvelé y al  levantarme para tomar agua, me di cuenta del miedo que tengo de hacer algo que a él lo enoje. Tenía miedo que al abrir la canilla, el ruido del agua lo despertara y empezara con el mismo discurso agresivo de siempre:

– ¡¿No ves que no me dejas dormir?! ¡Yo que trabajo todo el día! ¿Qué mierda haces despierta a esta hora? Claro, te rascas la argolla y ahora no tenes sueño y me jodés.

Y se sigue hablando a si mismo en una especie de monólogo: – Esta conchuda que me vuelve loco. Esta mina no te sirve pibe, es una pelotuda que lo único que sabe hacer es romper los huevos. No sirve para nada está idiota de mierda. ¿Como no te la sacaste de encima antes? Mirá ahora, tu vida hipotecada y vas a tener una hija con una pelotuda…

Y le pega…y le pega…y le pega… Y yo quedo en la lona, abrazando la poca autoestima que queda, que sangra y muere con cada palabra, con cada zurdazo, con cada uppercut derecho de su lengua afiladamente venenosa.

Y soporta mi cuerpo y soporta mi alma y soporta mi mente. Porque “el amor todo lo soporta”. Porque si lo querés lo tenés que aguantar. “Es lo que vos elegiste, ahora jodete.” Y vas perdiendo un montón de cosas en el camino, pero sobre todo te vas perdiendo a vos misma. Yo perdí mis sueños, mis anhelos, mi camino. Perdí mi voz. Me fui callando de a poco y con mas fuerza cada vez que el me decía:- Callate. Callate nena. Callate. ¿No ves que aturdis? Y Por el miedo al que dirán me fui quedando. Por el miedo a que me digan:- “te gusta que te peguen”, -“déjalo boluda”, – “te vas de ahi y listo”, etc., me fui callando. Como si fuera fácil despegar de la manipulación de este tipo de personalidades. El lazo que se genera parece indestructible. La gente piensa que a las mujeres nos gusta que nos peguen pero detrás de esa frase que es tan hiriente, a nosotras las mujeres que sufrimos violencia de género nos pasan un montón de estas cosas y no hablamos, no denunciamos, no decimos, por miedo a toda esta respuesta social que obtenemos cada vez que hablamos de este tipo de situaciones. Entonces la violencia es mas violenta. No solo tenés que aguantar los golpes fisicos, emocionales o psiquicos, sino también las respuestas agresivas, sin temple y sin medida de los demás.

Pasó una semana y un viernes por la noche empecé a sentirme muy mal. El fin de semana estuve muy descompuesta y el lunes por la tarde caí internada grave. Estuve toda la semana en la clínica tratando de reponerme, con reposo absoluto. Contraje una infección y supuestamente esa fue la causa de que mi hijita muriera por asfixia al romperse la bolsa y vaciarse el liquido. El dolor que tengo es indescriptible. Tuve que enterrar a mi beba y despedirme de ella sin siquiera haberla visto. La ultima imagen que tengo es de su cajoncito blanco. No hay consuelo para mi. Me siento culpable, por supuesto. Quizás el stress generado me provocó todo esto.  Me reprocho a mi misma que si me hubiera ido antes todo esto no hubiese pasado, pero pasó.

Grito con dolor de madre, con dolor de mujer, grito por mi hijita, mi hija grita desde el cielo:- Basta mami, no te hagas más esto.

No quiero que a nadie le pase esto por eso me anime a contarlo. Si estas sufriendo violencia de género habla, no tengas miedo. Grita, no tengas miedo. Denuncia, no tengas miedo. Es muy difícil lo que te estoy pidiendo mujer, amiga, hermana pero te aseguro que podrías evitar este tipo de situaciones que son terribles. Yo también siento vergüenza, incomprensión, juicio propio y ajeno. Debemos comenzar a hablar mas y a callar menos para que esto pare, para poder parar nosotras. Mucha gente habla a través de la ignorancia sin medir  o poder ver  que ya estas rota y te siguen rompiendo más. Yo también me siento juzgada. Pero es lo que me pasó, ya no lo puedo seguir negando.

Después que sucedió esto, el me abandonó, aun sin haberme siquiera los puntos de la cesárea…lo perdí todo, pero todo de verdad. Con mis heridas frescas me vi entrando al cementerio, caminado hacia la tumbita de mi beba y tirando tierra encima de su cajón y con la sensación de caer en un abismo interminable e infinito de dolor.

Todo esto me dejó una gran enseñanza. Tuve que perder a mi hija, llegar a ese extremo para valorar la vida y valorar las cosas que el dinero no puede comprar…. Cuidarme mas a mi misma pero sobre NUNCA MAS hacerle caso a alguien que me diga que me calle como el me decía…

Continuaré, lo juro…

Andrea Viglino

Extractos Del libro #Femicidademicorazon©

Seguime en Facebook @femicidademicorazon

#JuntasYAcompañadas

Si en tu casa estás viviendo situaciones de violencia de género, comunicate al 144. Es gratis, te atienden las 24 horas todos los días.

Hay un femicidio cada 23 horas, y en esta etapa de aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus, el número va en aumento.

En caso de vivir una situación de violencia, la víctima puede salir y pedir ayuda: salir del aislamiento está justificado porque está en peligro. Ante esto, la Ciudad aconseja:

  • 911 – Urgencias
  • Línea 144 – Asesoramiento, acompañamiento y contención
  • Oficina de Violencia Doméstica – Denuncia y atención las 24 hs. (Lavalle 1250- 11-4123-4510)
  • Comisaría más cercana – Denuncia
  • Ministerio Público Fiscal – Denuncias y atención las 24 hs (denuncias@fiscalias.gob.ar)
  • WhatsApp de la Ciudad: 11-5050-0147

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