Hoy se cumplen 73 años de la masacre pilagá en Formosa

gendarme con pilagás prisioneros

Un crimen atroz perpetrado en una localidad formoseña cumple otro triste aniversario. La comunidad pilagá luchó por años para que los hechos ocurridos en 1947 sean reconocidos como un crimen de estado contra poblaciones indígenas, labor incansable que marcó un hito histórico para américa latina. Los eventos que se suscitaron durante los días que duró la matanza y posterior cacería de cientas de familias fueron silenciados por décadas, de tal forma que hoy muy poca gente conoce estos hechos, sumado a que organizaciones dedicadas a la denuncia de violaciones a los derechos humanos ignoran por completo esta historia.

Los testimonios recopilados de sobrevivientes nos cuentan que en aquellos días de 1947, trabajadores de los ingenios azucareros y sus familias que viajaban de regreso a sus hogares, se reunieron en el paraje de La Bomba, en lo que en ese momento era el Territorio Nacional de Formosa, a ver a un “sanador que cura con la palabra y no cobra”, conocido como Tonkiet o Luciano Córdoba. Aquel hombre les hablaba de un Dios del que no habían escuchado, y utilizaba una Biblia para realizar milagros y hablar frente a todas las familias reunidas en las noches.

La reunión de miles de indígenas no pasó desapercibida por el gobierno nacional, que despacho en el ferrocarril Belgrano con ropa y comida desde Buenos Aires. Ese año, el presidente Juan Domingo Perón celebraba su primer año de mandato. Pero la comida que recibieron se encontraba en mal estado, causando cientos de casos de intoxicación y algunas muertes. Algunos relatos indican que es probable que la comida, que primero tuvo que ser repartida a los proveedores oficiales del estado para las colonias indígenas, fuera envenenada. 

Las autoridades locales difundieron el temor por un posible “malón”, que amenazara la localidad de La Lomitas, que se encontraba a pocos kilómetros de la congregación religiosa, por lo que se ordenó a gendarmería rodear la zona. No era la primera vez que gendarmes se veían involucrados en actos similares, era conocida por las comunidades Pilagá, Qom y Wichi las cosas que hacían. Tortura, golpizas, ahorcamientos y fusilamientos eran prácticas comunes.

Un funcionario de la Dirección de Protección al Aborigen, Abel Cáseres, intentó dialogar para que se fueran voluntariamente, pero no solo se negaron a irse, cada vez más familias viajaban de muy lejos para unirse a la celebración y conocer al curandero. se estima que llegaron a ser 2.000 personas. 

El 10 de octubre por la tarde, efectivos de gendarmería abrieron fuego de forma indiscriminada con fusiles y ametralladoras pesadas apostadas en vehículos. Se desplegó un operativo para perseguir a los sobrevivientes durante dos semanas, llegando a cubrir un radio de 100 km. Un documento firmado por la Dirección General de Gendarmería Nacional fue enviado al ministro del interior, el sindicalista Ángel Borlenghi, que hablaba de un ataque indígena a la localidad de Las Lomitas y la movilización de tropas por el Ministerio de Guerra. En apoyo a la operación, se envió un avión desde la Base Militar El Palomar, que fue equipada con una ametralladora al llegar a su destino. El avión barrió la zona de persecución y disparó contra sobrevivientes al ser divisados.

Los prisioneros que no asesinaron fueron enviados a campos de trabajo en Buenos Aires, bajo jurisdicción de la Dirección Nacional de Protección Aborigen y vigilados por gendarmes.

No fue hasta el 2005, más de 58 años después, que se inició una demanda contra el estado nacional por el delito de genocido, llevada a cabo por la Federación Pilagá ante el Juzgado Federal de Formosa.

Luego de años de espera, el 6 de julio de 2019, el juez Fernando Carbajal dictaminó que los hechos cometidos son “delitos de lesa humanidad” y ordenó reparaciones por parte del estado como becas escolares, la edificación de un monumento, incluir los hechos en el calendario escolar, entre otras medidas. La sentencia es la primera en reconocer un crimen contra comunidades indígenas como de lesa humanidad, sembró un precedente que hasta hoy es estudiado en casos similares de toda América Latina.

Los testimonios con los que se conoce esta historia en profundidad fueron recogidos por la documentalista Valeria Mapelman en su largometraje Octubre Pilagá, relatos sobre el silencio, un registro para las generaciones de hoy y de mañana sobre los crímenes que sufrieron comunidades indígenas como la pilagá, y tomen conciencia de que estos hechos también merecen memoria, verdad y justicia.

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