El precio a pagar de la nueva normalidad en los niños.

La pandemia mundial de COVID-19 afecta y afectará nuestras vidas para siempre. El registro de lo traumático comenzó a manifestarse en personas con ansiedad, pánico y diferentes formas de congoja y tristeza. De acuerdo a la licenciada Sonia Almada, psicoanalista, especialista en Infancia y adolescencia y presidenta de Aralma asociación civil dedicada a la asistencia, investigación y capacitación en Infancia, adolescencia y familias, “el trauma psíquico implica siempre una interacción del afuera que irrumpe con violencia en nuestro aparato psíquico y no tenemos las herramientas, la madurez y/o las condiciones para elaborarlo, en donde cada persona enfrenta estas situaciones de una particular manera”.

Según la especialista, “los niños y niñas en estas situaciones, por su propia inmadurez y vulnerabilidad mental, necesitan de los adultos para enfrentarlas de una mejor manera y aun así, sufren también severas consecuencias”.

“Si bien el sistema de educación y entretenimiento por Internet se adecuó inmediatamente, especialmente para que se eduquen y distraigan frente a las pantallas que es lo que se espera de los niños siempre, no se los escucha. No se les preguntó hasta el momento cómo se sienten, cómo llevan la cuarentena”, agregó.En Argentina, desde el 15 de marzo se suspendieron las clases, lo que hace que los niños estén en sus hogares hace un mes y medio, es decir 46 días (Shutterstock)

En la Ciudad de Buenos Aires, para menores de 16 años las restricciones fueron más estrictas y recién pudieron empezar a tener salidas recreativas una vez por semana, los fines de semana, durante una hora. Luego se fue extendiendo ese periodo.

El gobierno de Argentina ha puesto en marcha un conjunto de medidas en materia de protección social, que van desde el incremento del monto de las transferencias a los hogares con niños y niñas a través de la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar, la instauración del Ingreso Familiar por Emergencia, la ampliación de las transferencias de ingresos a otros grupos como adultos mayores, la continuidad y expansión de los apoyos alimentarios y la implementación de políticas amigables para el cuidado de las familias. Complementariamente, se implementaron políticas de protección de empleo, se fortalecieron los programas de prevención de violencia en el hogar
y contra las mujeres, entre medidas de otra índole (Gobierno de la Nación, 2020).

Pero aun así la sociedad no tiende a adaptarse de manera formal a una normalidad que abarca generalmente a implantar reglas de convivencia que meses atrás ni se podía estimar una aplicación similar, entonces se podría decir que todo lo que alguna vez se pudiese considerar como libertad de convivencia en la actualidad será un simple recuerdo en nuestros corazones.

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