Argentina y la nueva normalidad bajo la lupa.

Considerando el gran esfuerzo financiero realizado por el Estado Argentino para garantizar protección social a los más vulnerables, es estratégico conocer si los destinatarios de los programas están satisfechos con las prestaciones, si identifican barreras o dificultades para acceder a los beneficios, si los montos de la asignación son suficientes y si mejoran el ingreso disponible de los hogares.

Al mismo tiempo, los hogares y la sociedad están también realizando un gran esfuerzo al parar sus actividades laborales impactando en sus ingresos cambiando sus hábitos de consumo e higiene, limitando su libertad de tránsito, y manteniéndose la mayor parte del tiempo en sus hogares, en pos del bien colectivo.

A nivel global, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) está colaborando con los gobiernos para controlar y mitigar los efectos directos e indirectos de la pandemia ocasionada por el COVID-19 en la población infantil y adolescente.

Las medidas de distanciamiento social y físico apuntan a frenar la propagación de la enfermedad al detener la transmisión de COVID-19 y evitar que aparezcan nuevos casos. Sin embargo, para ser exitosas deben implementarse con el compromiso de toda la sociedad (OMS, 2020).

El módulo de percepciones y actitudes frente a la cuarentena arrojó que 96,2% de la población total considera que la cuarentena evitará el contagio de COVID-19 y 83,2% afirmó que si no hubiera cuarentena habría un alto riesgo
de contagio. 99,3% de la población adolescente considera que las medidas son necesarias. 95% de los hogares indica que pueden cumplir con las medidas de aislamiento social.
Sin embargo, con respecto a las percepciones de cumplimiento de la cuarentena, el 73,5% del total de hogares cree que las personas en sus barrios están cumpliendo con la cuarentena. La región donde se reporta el mayor valor es la Pampeana (81%) y el menor en el AMBA (69%). Este porcentaje es menor en villas y asentamientos, donde 52% observa que se está cumpliendo mucho o bastante, y el 48% restante afirma ver poco o nada de cumplimiento en su barrio.

En la misma línea, 18% indicó que algún miembro del hogar no estaba cumpliendo la cuarentena, proporción similar entre villas y asentamientos y otras ubicaciones. En 37% de los hogares algún miembro está exceptuado de cumplir la cuarentena.
En 59% de los hogares se indicó que algún miembro del hogar había salido de su casa el día anterior, mientras que el motivo principal de salida fue la compra de alimentos (78%).
Un grupo particularmente vulnerable al contagio son los hogares de más de 5 miembros ubicados en villas y asentamientos, donde se observan situaciones de hacinamiento que dificultan el cumplimiento de las medidas de
prevención. En estos casos, un 71% de los hogares indicó que algún miembro salió de la casa el día anterior, también principalmente para comprar alimentos (75% de los casos).

Las personas mayores de 60 años y las que padecen condiciones de salud como hipertensión arterial, problemas cardiacos, diabetes o antecedentes de enfermedades respiratorias, tienen más probabilidades de tener complicaciones graves por el COVID-19, 12% de hogares tiene algún miembro en el grupo de riesgo que convive con personas exceptuadas de cumplir la cuarentena.

Por otro lado, se observa un 21% de hogares que reportan una salida el día anterior y cuentan a la vez con un miembro en grupo de riesgo. El cumplimiento con las medidas de higiene y prevención en estas salidas es clave para detener la propagación del virus, como se analizará en el siguiente apartado. A continuación, se presentan las diferentes combinaciones de las situaciones de los hogares en función de las personas de riesgo, exceptuadas de la cuarentena y salidas reportadas el día anterior.

En el conjunto de población total, se observó que 92% cumple con el lavado de manos, ya sea cuando sale de casa o mientras está en ella (85%). Con respecto a las medidas de higiene en los hogares encuestados, 92% limpia pisos y superficies diariamente con lavandina, 85% se lava las manos regularmente y 70% mantiene ventilados los espacios del hogar.
El 92% de los hogares cuenta con insumos de prevención, limpieza y desinfección suficientes. En el caso de las villas y asentamientos, los datos mostraron que 89% de los hogares cuenta estos insumos. Es decir, 11% de los hogares en asentamientos precarios no cuenta estos insumos, principalmente: lavandina (76%), alcohol en gel (70%) o alcohol (48%). Más de la mitad (58%) afirmó que no los tiene porque son caros. En los hogares con más de 5 miembros, 12% no cuenta con estos insumos de limpieza e higiene, principalmente porque son caros (62%) o porque no los consiguen en los comercios de cercanías (52%).
Las y los adolescentes entre 13 y 17 años de los hogares entrevistados demostraron conocimiento de las diferentes medidas de prevención de contagio: 92% mencionó el lavado de manos, 72% distanciamiento social, 43% Toser o estornudar sobre el pliegue del codo, 36% no llevarse las manos a la cara y 27% desinfectar los objetos
de la casa.

Una de las mayores repercusiones sobre el bienestar de los hogares que tendrá la pandemia del COVID-19 será de tipo económico, en particular sobre aquellas personas con inserciones laborales más precarias e informales. La literatura apunta que el empeoramiento de los indicadores de exportaciones, inflación, tipo de cambio, el incremento del desempleo y la caída de salarios reales tienen repercusiones en los niveles de pobreza, desnutrición y abandono escolar (Beccaria, 2005).
Desde que se tomaron las medidas de aislamiento, 60% del total de hogares ha visto disminuido sus ingresos a consecuencia de las medidas tomadas, es decir, 3.6 millones de hogares en los que habitan 15 millones de personas.

La pérdida de ingresos en los hogares se incrementa a 63% en villas y asentamientos, al 65% en hogares con al menos una persona discapacidad, 70% en los destinatarios de la AUH y a 75% entre hogares con cinco o más miembros.

En el contexto del aislamiento social, la principal causa asociada con la disminución de ingresos está relacionada con el tipo de actividad económica (venta ambulante, cuenta propia de plomería, albañilería, electricidad, changarín, etc.) y la imposibilidad de salir a trabajar (56%), seguida por suspensión temporal (18%); disminución en el nivel de ventas, pedidos o clientes (15%); reducción de horas trabajadas (12%); reducción de salario (8%), entre otras con menor incidencia. Esto se ve reflejado en que, por ejemplo, en aquellos hogares sin presencia de asalariados el 72% sufrió
una reducción de sus ingresos. Además, el 7,2% de los hogares declara que en su hogar se ha perdido al menos un
empleo: son 400.000 hogares donde una persona ha perdido su empleo, llegando al 10% en la zona del Noreste Argentino (NEA).
Al analizar los hogares según el Ingreso Per Cápita Familiar (IPCF) resultó que 10% de los hogares pertenecientes al cuartil con menos ingresos tenían un miembro que había perdido su empleo.
Además, entre los hogares con al menos una persona con discapacidad, la pérdida de empleo llega al 15%.
Entre los efectos que desencadena la caída de los ingresos familiares y del empleo, se puede presentar la reducción del gasto en alimentación, que se analizará en el apartado correspondiente. Esta situación puede desencadenar mecanismos de ajuste al interior de los hogares en perjuicio de los niños, niñas, adolescentes, con
efectos sobre su bienestar y salud.
Además, ante la disminución de ingresos, algunos hogares (39%) han tenido que dejar de pagar algún servicio, principalmente luz, gas, teléfono, celular o internet.
Estos valores ascienden al 45% en el caso los hogares de menores ingresos. Además, un 5% de los hogares tuvieron que reducir el consumo de medicamentos, valor que asciende al 7,5% en los hogares ubicados en villas y asentamientos.

Citando pasajeramente los índices expuesto podemos recalcar el deseo primordial de tener un poco mas de empatia con la realidad en la actualidad porque cuando mas dura es la batalla mas dulce es la victoria.



Un comentario

  • Al señor intendente Fernando Espinoza de mi mayor consideración sería bueno para ayudar a personas mayores bajar la PUAM de 65 a 60 años aportaria una gran ayuda para ese grupo de riesgo y su pueblo los que lo votaron yo soy una de ellos les estaria eternamente agradecidos con mi respeto y admiración le envio un saludo afectuoso y siga adelante con sus funciones La Matanza esta con usted apoyandolo en todo.

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