La muerte con cara de ángel

La mayoría conocemos la historia de Carlos Robledo Puch, el llamado Angel Negro o el ángel de la muerte. Se convirtió en el asesino serial más reconocido,junto a el Petiso orejudo, de nuestro país y el mundo.

Su cara de niño bien, un ángel caído del cielo. Más alejado de la realidad imposible.

Nacido el 19 de Enero de 1952 y llegó al barrio de Olivos cuando tenía 10 años . Alquilaban un departamento en un primer piso. Su padre, Víctor , trabajaba en la General Motors. El físico de Carlos se parecía más al de su madre, quien tenía origen Alemán. La mujer era ama de casa y se encargaba de vestir al niño con pantalones cortos y remeras a rayas. Carlos era un chico tímido y muy apañado por su madre.

La secundaria la realizó en el colegio Cervantes en Vicente López.

Su carrera delictiva se inició a la edad temprana de 15 años en 15 de Marzo de 1971 con su cómplice Ibáñez. Ese día ingresaron al boliche Enamour ,llevándose 350.000 pesos de esa época. Pero antes de huis, Robledo asesinaría al dueño y al sereno del lugar utilizando una pistola calibre 7.65 mientras estos dormían.

Dos meses después los delincuentes ingresan a las 4 de la mañana a una Mercedes Benz de Vicente López. En una de las habitaciones se encuentran con una pareja y su bebé recién nacido. Robledo dispara al hombre y lo mata, luego dispara a la mujer y la hiere. Ibáñez aprovecha que la mujer está herida y trata de violarla. Huyen del lugar con 400.000 pesos,pero antes Puch dispara a la cuna del bebé, quien por suerte, logra sobrevivir. No se sabe si quiso fallar o si en verdad falló este tiro.

El 24 de ese mes ( Mayo ) asesinan al sereno de un supermercado en Olivos.

En Junio Puch ejecuta a dos mujeres jóvenes en la ruta, quienes habían sido abusadas por su cómplice.

El 5 de Agosto muere Ibáñez en un accidente bastante dudoso. Puch logra salir ileso, era él quien manejaba. Algunos dicen que fue él quien asesinó a Ibáñez.

Una vez fallecido su cómplice , Carlos hizo un receso en su carrera delictiva. Aunque sólo fueron unos meses, ya que en Noviembre de 1971 junto a su nuevo cómplice Somoza ,asaltan un supermercado en Boulogne, dónde acribillan al sereno del lugar con una arma calibre 32.

Dos días después ingresan a una concesionaria y asesinan al cuidador del lugar.

Una semana más tarde roban una concesionaria en Martínez. Al sereno lo reducen y sacan las llaves . Se van del lugar con un millón de pesos, pero antes Puch asesina de un disparo en la cabeza al hombre, sin embargo esta vez también asesinaría a su cómplice también . Una vez que le dispara y muere Somoza, toma un soplete y le desfigura la cara, Aunque otros dicen que quemo sus dedos también,tratando de evitar que la policía lo reconozca.

Según Robledo su cómplice le traía mala suerte por eso debió matarlo.

En 1972 Puch es detenido debido a que le encuentran en el bolsillo la cédula de identidad de Somoza. En ese entonces tenía 20 años.

El 27 de noviembre de 1980 Robledo Puch fue condenado a reclusión perpetua por tiempo indeterminado, la pena máxima en Argentina.

En el juicio declaró: “ Esto es un circo romano y una farsa. Ya fui prejuzgado de antemano”

En una nota que el perito Osvaldo Raffo otorgó comentó cómo vivió la entrevista que tuvo con Robledo Puch:

Cara a cara con el diablo:

En 1980, Raffo fue convocado por el fiscal Alberto Segovia para examinar a Robledo Puch. El perito estaba presionado: tenía que demostrar que Robledo no era un esquizofrénico o un alienado, como aseguraba la defensa del acusado, en cuyo caso hubiese debido ser internado en un manicomio. Los familiares de las víctimas se oponían alegando que de allí podría escaparse.

El fiscal Segovia quería usar el diagnóstico de Raffo para mandar a Robledo a la cárcel de por vida. Hasta ese momento, en las pericias psiquiátricas que le habían hecho, Robledo había hablado poco. Sin demasiados elementos para analizar, los médicos legistas lo definieron como “dueño de una agresividad ingobernable sin sentimientos de culpa”.

En su primer encuentro con Robledo, Raffo estuvo impaciente. Lo esperó en una sala de los Tribunales de San Isidro. Era la primera de una serie de 25 reuniones de 5 horas cada una; cuando apareció el asesino, acompañado por dos guardias, Raffo lo notó cambiado. No se parecía al que vio en aquella foto en blanco y negro. Sus rasgos se habían endurecido. Era lógico: 8 años de prisión alcanzan para afear a una persona.

Robledo ya no tenía el aspecto angelical de antes. Fruncía el entrecejo y hablaba con el dedo índice levantado, como si nunca dejara de estar enojado.

En las primeras charlas Robledo intentó dominar el diálogo. No era un examinado cualquiera: en los últimos años había sido revisado por más de 10 psiquiatras. Se conocía las pericias y los test de memoria, hasta sabía los nombres de los exámenes y para qué servía cada uno. Además estaba exultante porque venía de ganar un torneo de ajedrez en la cárcel de La Plata.

Raffo estaba obsesionado con su paciente: no dejaba de pensar en él, repasaba libros de psiquiatría y había leído el expediente dos veces.

—No vengo a empaquetarlo, vengo a decir la verdad —se presentó Robledo en el primer día de pericias.

–¿Usted es homosexual? —le preguntó Raffo.

–De ninguna manera —respondió Robledo enojado—, eso es un invento. Salí con chicas circunstancialmente. Eran muy lindas. A mi novia la amo, nos íbamos a casar. No le contesté las cartas porque la sigo queriendo y por cobardía nunca le toqué un pelo. Personalmente soy muy posesivo.

–¿A qué edad tuvo su primera relación sexual?

–A los 15 años, durante una de las fugas del hogar paterno. Fue con una chica que conocí en un hotel. Nunca anduve con prostitutas.

–¿Cuál era la frecuencia de las relaciones?

–Unas siete veces por mes. No me lo pedía el cuerpo. Nunca violé a ninguna.

El perito escribió en su libreta: “Niega firmemente la homosexualidad, aunque como interno está alojado en un pabellón que los agrupa”.

Por entonces, y eso sí resultaba una aberración, se consideraba a la homosexualidad una desviación.

Cuando pasó a máquina de escribir esta parte de la pericia, Raffo diagnosticó: “En su historia vital, las amistades femeninas son excluyentes, las preponderantes son las masculinas; hay hacia el sexo opuesto, más que frialdad indiferente, una aversión activa. La homosexualidad se presume pero no puede probarse. En cuanto si el encausado tiene desviaciones sexuales, podemos decir que sadismo sí ha existido, y ésta es una forma de desviación sexual, que se manifiesta frecuentemente en la personalidad perversa”.

En su pericia, que fue anexada a la causa, no dudó en calificar al asesino como incorregible: lo definió como un psicópata cruel y desalmado. Esa pericia fue decisiva para que Robledo nunca tuviera la posibilidad de salir de la cárcel. Lleva 46 años preso.

El juez que atendió su solicitud de libertad condicional,se la denegó por considerar que no se ha reformado de manera positiva en ninguno de los aspectos sociológicos necesarios para vivir en libertad, además de no poseer familiares directos que puedan contenerlo. El 31 de agosto de 2011 y nuevamente el 30 de octubre de 2013 se le volvió a negar la libertad solicitada.​

En noviembre de 2013 pidió que revieran la sentencia o que lo ejecutaran con una inyección letal, a pesar de que la pena de muerte no puede ser aplicada en Argentina. El pedido no prosperó, pues la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires falló denegando tal beneficio. El 27 de marzo de 2015 la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó un recurso presentado por Carlos Eduardo Robledo Puch quien ya tenía 63 años, contra la sentencia anteriormente mencionada que le denegó la libertad condicional.

También le fue denegada la libertad en marzo de 2016, cuando le preguntaron qué haría si saliese en libertad y Puch amenazó con matar a la entonces expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

El 10 de mayo de 2016, llevando 44 años preso, Robledo Puch salió del penal de Sierra Chica por un día. Fue llevado a la Asesoría Pericial de San Isidro para ser sometido a una serie de pericias médicas, debido a su deteriorada salud. Fue escoltado ida y vuelta por una decena de efectivos.

El 4 de febrero de 2020 se cumplieron 48 años de su detención.​

El Ángel negro permanecerá hasta el fin de sus días detrás de rejas.

Valeria V.Perez

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