Leonardo Favio y el lobo

Fuad Jorge Jury Olivera, también reconocido mundialmente como Leonardo Favio, fue un director de cine, productor, guionista, actor y cantante argentino nacido en el año 1938 en Las Catitas, un barrio muy pobre de la provincia de Mendoza donde fue abandonado por su padre a muy temprana edad. Pasó gran parte de su infancia visto en dificultades propias de una niñez dura que lo llevaron hasta la encarcelación. Este pequeño problemático, sin lugar a dudas, terminaría siendo una persona que marcó un antes y un después en el mundo cinematográfico argentino. Pero sus pensamientos políticos así como sus posturas sociales también le traerían problemas en el país en el cual dedico toda su carrera a tal punto de llegar al exilio.

La primicia fílmica como director, y la forma en la que comenzaba a mostrar una cara de la sociedad argentina que en esos momentos no se quería mostrar (y desde un punto de vista personal, continua siendo así), fue con El Amigo (1960), un cortometraje que muestra a dos niños en el marco de una feria: uno pobre trabajando de limpiabotas y otro adinerado yendo a disfrutar de las atracciones con su padre. En esta historia los dos mundos se cruzan; la inocencia de estos niños hace que establezcan una relación, un vinculo y un entendimiento mas allá de las diferencias monetarias que los adultos no podrían entender. La soledad y la pobreza siguieron siendo aspectos fundamentales en sus historias y los choques sociales problemáticas que le darían un enfoque crítico.

El cine argentino venia de una crisis en la producción nacional que nada más se enfocaba en la creación de un material superficial, con películas que no pasaban de un romanticismo barato o trillado. Con la llegada de Crónica de un niño solo (1965) Favio nos cuenta una historia cruda, para muchos autobiográfica, de un niño pobre que llega a un reformatorio, de este film pasa a Este es el romance del Aniceto y la Francisca (1966) y El dependiente (1969) películas que mostraban otra perspectiva un poco más orientada a lo sensorial y con historias peculiares para lo que era el cine argentino en los fines de los ’60. Esta última fue una obra con repercusión internacional, sin embargo los estándares burocráticos y simplistas del instituto argentino de cine hicieron que fuese clasificada como “B” haciendo que no pudiera tener una buena repercusión económica favorable y provocando que Favio diera un paso al costado en el cine.

Crónica de un niño solo (1965)

La carrera musical de Leonardo Favio lo ayudo mucho a retomar su amor original: El cine. Luego de su breve receso volvió en un marco donde se le daba prioridad a películas de índole histórico como Martin Fierro (1968), de su gran amigo Leopoldo Torre Nilsson y Juan Manuel de Rosas (1972), de Manuel Antín. Es entonces cuando Favio saca la premiada Juan Moreyra (1973), película también histórica pero muy diferente a las anteriormente nombradas porque, esta vez, la historia no se enfocaba en un prócer o en una figura moral, sino en un “bandido”, un hombre que se enfrenta al régimen establecido, dándole valor a la idea de oponerse al estado en términos de libertad.

Juan Moreyra (1973)

La asunción de Héctor José Cámpora y la posible vuelta de Juan Domingo Perón al poder hacen que Leonardo muestre más en claro su posición política peronista. Con Nazareno Cruz y el Lobo (1975), la obra maestra del director y una de las películas mas taquilleras de la historia del cine argentino, nos seguía mostrando personajes populares, personajes que pertenecen a una mirada menos elitista y mas cercana al pueblo.

Pero la llegada de la dictadura militar de 1976 hacen que se convierta en otro artista más que forme parte del repudio estatal, después de Soñar, Soñar (1976) Leonardo vuelve a su pueblo natal, para luego marcharse del país hacia México, dedicándose íntegramente a la música, para terminar quedándose en Colombia por un problema de salud, donde vivió con su familia alrededor de 10 años.

Jorge Rafael Videla

Después de un largo periodo de tiempo sin hacer cine y fuera del país, con la vuelta de la democracia, Leonardo Favio marca su retorno con una película profundamente política sobre la vida de el boxeador José María Gatica: Gatica, el Mono (1993) donde se hace un paralelismo entre el boxeo y el enfrentamiento social argentino, una historia que nos muestra la pasión y el compromiso que tenía el director mendocino para con el peronismo y la democracia.

Gatica y Juan Domingo Perón en Gatica, el Mono (1993)

El estado, la sociedad y las necesidades de las clases más altas argentinas le dieron siempre la espalda a Leonardo Favio, un director que nos dio obras maestras, historias impactantes y sentimentales que cambiaron la forma de ver y hacer cine en nuestro país. La lucha para con el orden establecido siempre va a estar presente y la necesidad del arte de destacarse y luchar para poder encarnar a la clase oprimida es prioridad en el oficio de cualquier artista.

Leonardo Favio falleció el 5 de noviembre de 2012 a causa de una neumonía luego de estar internado por sufrir hepatitis C crónica, no sin antes dejar todo lo que pudo en cada ámbito artístico en donde incursionó.

Mariano Vera

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