Un misterio que aún sigue: El asesinato de La Dalia Negra

La dalia negra,un caso que estremeció a la comunidad:

La hermosa Elizabeth Short buscaba ser famosa y triunfar en el mundo del espectáculo.

Criada por su madre Phoebe Sawyer ,después de que su padre las abandonara a ella y a cuatro hermanas.

Aquejada por el asma ,Elizabeth pasó la mayor parte de su vida con amigos de su madre.

A los 19 años se va hacía California a vivir con su padre,quien se había comunicado nuevamente con ella , sus hermanas y su madre. La mujer no quiso darle una nueva oportunidad,sin embargo Elizabeth decidió vivir con él aprovechando que se encontraba más cerca de Hollywood. Su sueño era convertirse en una famosa actriz ( la belleza la tenía).Su apodo “ La dalia negra” se debe a que Elizabeth siempre vestía de negro y su largo cabello también negro.

Luego de una fuerte discusión con su padre, ya que este sólo quería una sirvienta . Elizabeth se retira a Florida donde sobrevive realizando trabajos de camarera.

En Florida conoce a Gordon un soldado que le había propuesto matrimonio por medio de una carta cuando él aún estaba en la India. Sin embargo Elizabeth estaba destinada a la desgracia y Gordon muere poco después en un accidente, antes de volver a Los Estados Unidos.

Más tarde se diría que estos llegaron a casarse e incluso llegaron a tener un hijo que nació muerto. Esto se descartó una vez que se le realizó la autopsia al cuerpo de Elizabeth , el cual mostraba que nunca había tenido parto alguno.

Los amigos de Gordon una vez que se conoció el horrible asesinato se desligaron por completo del tema e incluso llegaron a decir que jamás hubo una relación entre ellos.

Tiempo más tarde se trasladaría a California para encontrarse con un viejo amor Hansen Fickling. Cansado de las idas y venidas de Elizabeth, éste se muda a California del Norte,donde continúa en contacto con La dalia negra por medio de cartas. La última que recibiría el hombre sería con fecha del 8 de Enero de 1947.

Luego de esto Elizabeth no tendría un domicilio fijo,y vagaría por hoteles durante varios meses.

La poca plata que ganaba la gastaba en ropa y maquillaje,ya que jamás perdió la esperanza de ser actriz.

Su cuerpo fue descubierto por una vecina que caminaba por el lugar junto a su pequeña hija de tres años. En un principio la mujer creyó que era un maniquí. Pero al acercarse comprobó horrorizada que era el cuerpo desnudo de una mujer.

Elizabeth había sido cortada a la mitad a la altura de la cintura. Le habían drenado la sangre. El rostro fue cortado desde la comisura de la boca hasta las orejas,en ambos lados,formando una horrible sonrisa macabra. Su cuerpo fue lavado y limpiado,de seguro en una bañera,y dividido en dos de forma perfecta. En el lugar la habían tendido de espaldas con sus manos por encima de la cabeza y sus codos doblados en ángulo recto. Le arrancaron el bazo,corazón y los intestinos. Le mutilaron el pezón izquierdo,le cortaron el vientre por encima de la entrepierna,le seccionaron un pedazo del muslo izquierdo y le metieron un pedazo de él en la vagina,la asfixiaron y fracturaron las piernas con lo que se cree era un bate de beisbol,también le fracturaron la cabeza. Cerca del lugar se encontró la huella del talón de un zapato masculino,junto a huellas de un auto.

En la autopsia se reveló que le ataron los pies y las manos con una soga. Se cree que la mantuvieron atada durante tres días. La torturaron con terrible saña,el cuerpo mostraba laceraciones numerosas,golpes,cortes,quemaduras de cigarrillo. El pecho derecho fue despellejado. Todo este horror lo sufrió aún estando viva.

La obligaron comer excremento,que fue hallado en su estómago,pero quizás se trató de una transferencia de fluidos cuando la cortaron.

La causa de muerte se produjo por la pérdida de sangre de los cortes de la cara combinado con un shock de una conmoción cerebral.

Una horrible muerte que los que la examinaron no podían creer que alguien haya sometido a la mujer a tal aberraciones. Un odio visceral que debía tener el asesino hacia la mujer.

El 23 de Enero de 1974 el asesino llamó al editor del periódico de Los Ángeles Examiner,donde expresaba estar preocupado porque no seguían la noticia de la muerte de Elizabeth. En ese momento ofreció enviar elementos que pertenecían a la víctima. Al día siguiente llegó un paquete que contenía el certificado de nacimiento, tarjetas,fotografías,pedazos de papel escritos,una libreta y un recorte de diario sobre la muerte de Gordon.

Como Hansen fue el último en tener contacto con la víctima se convirtió en el principal sospechoso.

Siendo el propietario de un salón de baile que frecuentaba Short. Este club nocturno lo tenía cerca de su casa, donde él y su novia alojaron a la chica en varias ocasiones. Ellas se hicieron amigas y Hansen admitió que intentó acostarse con Short, sin conseguirlo. La agenda era suya, sí, pero era Beth quien la usaba. Le habían arrancado una hoja y la policía interrogó a la larga lista de nombres que contenía. Todos contaron más o menos lo mismo, que habían conocido a Short en la calle o en un bar, que la habían invitado a unas copas, alguno incluso a cenar, pero en cuanto veían que ella no estaba dispuesta a acostarse con ellos, se marchaban y no volvían a verla. Solo tres hombres de la lista, que llegaron a ser novios efímeros y no ligues casuales de Beth, informaron que llegaron a conseguir sus favores. Esto también contradice un falso rumor que decía que la joven no podía mantener relaciones sexuales completas por tener genitales infantiles. La autopsia indicaba que, en efecto, en ese aspecto era por completo normal.

El último acompañante fue Robert “Red” Manley, un comerciante de veinticinco años casado, que la noche del 8 de enero detuvo su coche al verla caminando. Ella le explicó que no tenía a dónde ir y él la llevó a un motel. Aseguró que no hicieron el amor, de hecho dijo que la chica se pasó la noche en pie, indispuesta debido a alguna comida que le había sentado mal. Por la mañana le contó que debía ir a la estación de autobús a dejar su maleta en consigna y luego al Hotel Cecil, donde se reuniría con su hermana Virginia (esto era mentira). Red la llevó a la estación y a eso de las seis y cuarto la dejó ante el hotel, se despidieron y regresó a casa. Nunca volvería a verla. Fue el principal sospechoso pero su esposa confirmó que estuvo en casa la noche del 9 y pasó la prueba del polígrafo y años más tarde incluso la inyección del suero de la verdad. Tras efectuar un par de llamadas telefónicas, a las diez de la noche el recepcionista del hotel la vio cruzar el vestíbulo y salir, para no volver nunca.

El asesino luego escribió más cartas al periódico, llamándose a sí mismo “el vengador de la Dalia Negra”. El 25 de enero, el bolso y un zapato de Short fueron encontrados en un cubo de basura a corta distancia de la avenida Norton. Red Manley los reconoció. En algún momento entre el 10 y el 15 de enero, el asesino retiró la maleta de Short de la estación de autobús, sin que nadie reparara en ello. Ni la maleta ni su ropa fueron nunca encontrados.

Debido a la notoriedad del caso, más de cincuenta hombres y mujeres confesaron, adjudicándose el asesinato y la policía se saturó con información cada vez que un periódico anunciaba el caso o un lanzamiento de libro o película. El sargento St. John, un detective que trabajó en el caso hasta su jubilación, dijo: “Es asombroso cómo muchas personas señalan a un pariente como el asesino.”

Gerry Ramlow, un reportero dijo, “si el asesinato nunca se resolvió se debió a los reporteros… Estaban en él, pisoteando pruebas, reteniendo información”. A la policía le llevó tiempo tomar control total de la investigación, y los reporteros recorrían libremente las oficinas de departamentos, se sentaban en sus escritorios, y respondían los teléfonos. Mucha información del público no fue pasada a la policía, ya que los periodistas se apresuraban a obtener las primicias.”

Los periódicos de Los Ángeles frivolizaron el caso: el traje de chaqueta negro con el que Short fue vista por última vez se transformó en “una falda apretada y una blusa escarpada” y Elizabeth Short fue convertida por esa prensa sensacionalista en “la dalia negra”, una “aventurera que merodeaba por Hollywood Boulevard. Con el tiempo esta cobertura de los medios de comunicación se volvió más extravagante, con exageraciones sobre su vida, cuando de hecho aquellos que la conocían informaron que Short no fumaba, bebía o jugaba… era una chica corriente que consciente de su gran belleza, soñaba con ser actriz o modelo.

Otro de los primeros sospechosos fue su propio padre, Cleo Short, pues vivía a tan solo cinco kilómetros de donde se encontró el cuerpo. Sin embargo, él dijo no saber nada de su hija desde hacía tres años ni quería saberlo. De hecho, se negó a reconocer el cadáver y tuvo que hacerlo la madre, viniendo desde el otro lado del país. La había engañado el editor de un periódico diciéndole que su hija había ganado un concurso de belleza y tras dejarla hablar de su carácter, vida y aspiraciones, le contaron que en realidad había sido víctima de un crimen espantoso. El cuerpo de Short fue enterrado en el cementerio de California. Después de que sus otras hermanas crecieron y se casaron, la madre de Short se mudó cerca de la tumba de su hija.

Hipótesis del crimen:

George Hodel era un reconocido médico y se comentaba que había tenido una relación con Short.

De hecho, su consultorio se encontraba a solo a dos manzanas del Hotel Cecil, el último lugar donde Elizabeth fue vista con vida. Por otra parte, la posición en que el cuerpo de Beth fue encontrado resultaba muy poco común y según Steve Hodel, se parecía al cuadro El Minotauro el autor era amigo cercano del doctor Hodel. Otras pruebas que encontró Steve fueron: justo en enero de 1947 su padre había comprado unas bolsas de cemento para realizar reformas en su casa (en la escena del crimen se encontraron bolsas de cemento); un vecino dijo que, poco antes de aparecer el cadáver en Leimert Park, un auto negro parecido a un Ford Sedan del 36 había pasado por ahí (George Hodel conducía un Packard Sedan negro del 36, un coche muy parecido) ;George se había quedado solo en la mansión que tenían en Hollywood ,pues Steve, sus hermanos y su madre se habían ido de la ciudad a una visita familiar justo cuando sucedió el asesinato; el tipo de letra que el asesino utilizó para escribir la carta que envió a la prensa se parece a la de George Hodel. Finalmente, Steve se puso en contacto con su hermana mayor, y ella le comentó que, mientras ella llevaba adelante el juicio en contra de su padre por abuso sexual, había escuchado que George Hodel era el principal sospechoso por el asesinato de la Dalia Negra. Entonces, Steve se puso en contacto con Brian Carr, el actual detective de la policía que se encargaba del caso. Carr le dijo a Steve que la mayor parte de los documentos del caso desaparecieron en la década de los cincuenta. Tiempo después, no obstante, Hodel descubrió que la policía había vigilado la casa de su padre mediante micrófonos secretos pues, efectivamente, era sospechoso del asesinato. Steve escuchó en las grabaciones (que se hicieron públicas en 2003) a su padre hablar de ciertos abortos clandestinos que él había realizado y dijo que estaba consciente de que la policía lo consideraba el asesino de la Dalia Negra, pero que nunca lo atraparían.

Según Steve, a pesar de que la policía tenía muchas pruebas en contra de su padre, no lo apresó pues al hacerlo hubiera destapado una serie de tratos sucios que se hacían entre los médicos y las fuerzas del orden para ocultar los abortos ilegales. Para Steve, la policía optó por dejar libre a su padre a cambio de mantener una imagen limpia frente a los ciudadanos de Los Ángeles. Por su parte, Goerge Hodel se fue del país en 1950

Hipótesis:

Tal vez George y Beth tuviesen una acalorada discusión en la cual a él le superarían sus instintos infrahumanos, donde quiso acribillarla sin éxito, pues ella lograría escapar.

Durante las tres semanas siguientes, las personas con las que vivía Beth aseguraban que la joven estaba muy angustiada, y con un miedo inexplicable, siempre vigilante en la ventana, como si se escondiera de alguien.

Sin embargo semanas más tarde el médico lograría apresar a Beth y llevar a cabo el asesinato.

A lo largo de la investigación, el detective pudo rescatar una de las notas anónimas enviadas al diario local Los Ángeles Examiner el 26 de enero de 1947. La caligrafía después de enviársela a una especialista pudo relacionarla con el doctor Hodel.

La desaparición de pruebas

La sucia corrupción en la que se vio envuelto el Departamento de Policía de los Ángeles ,debido a la práctica ilegal de abortos durante la década de los 40, les hizo proteger a unos cuantos cirujanos a cambio de retribuciones económicas entre otros favores. Había mucho que perder si alguien sentía amenazada su libertad, pues un sólo médico podía arrastrar consigo a toda una red de policías que en su día también faltaron a la ley.

Un macabro espectáculo

Todos eran responsables de velar por la dignidad del cuerpo sin vida de Elizabeth Short. Sin embargo, la forma en que fueron hallados los restos despertaría una abominable curiosidad.

La última imagen que tendría el mundo de Beth, no correspondía a la de un ser humano que tenía padre, madre e ilusiones. Había dejado de ser Beth para convertirse en “el cadáver”. El cuerpo había sido abandonado durante la madrugada en un descampado. Elizabeth yacía fría, sola y vulnerable frente a la mirada humillante de forenses, periodistas, policías y vecinos.

Los ojos azules de Beth miraban al cielo con una falsa sonrisa lacerada, le habían rajado de un extremo a otro las comisuras de los labios simulando una maquiavélica sonrisa de payaso. Su pelo se perdía entre la hierba.

Sobre su piel desvestida podía conocerse toda su lucha por sobrevivir a la eternidad del dolor y a esa angustia insoportable cara a cara con su verdugo, durante al menos 72 horas en estado consciente.

Aún después de muerta fue humillada y maltratada. El asesinato parecía algo personal, hecho por alguien con muchas ansias de desvalijarla de su dignidad y condición humana. “La bestia” podía decirse que logró su cometido: todos dejarían de ejercer la virtud de ser civiles para transformarse en espectadores de su “macabra obra”.

La gente iba y venía por la escena. Sacaban fotos.Era un espectáculo circense.

Después de tantas décadas el misterio aún sigue. Y la última imagen que sobrevive en la mente de cada persona que tomó conocimiento de este macabro asesinato,es la del cuerpo de Elizabeth en un descampado, cortado a la mitad con una sonrisa maquiavélica.

Elizabeth Short llegó a la fama pero no como ella hubiera querido.

Valeria V. Perez

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